¿Puede una persona realmente cambiar el mundo?

¿Puede una persona realmente cambiar el mundo?

Una tarde iba caminando en medio de un puente enorme. Atravesaba un río. El río Han. A cualquiera de los lados a los que volteara, veía edificios enormes. Empresas. Grandes construcciones. Centros comerciales. Y miles de carros y personas.

En los diferentes viajes que había tenido, me había dado cuenta de lo pequeño que soy en comparación con el tamaño del mundo. Atravesando ese puente estaba pensando lo mismo. Pero con una mayor intensidad.

Estaba en la ciudad más grande del mundo. Era emocionante. También intimidante.

Me imaginé a todos los millones de personas. Y desde donde estaba podía ver el movimiento y dinamismo de una ciudad entera. Las luces de los carros dirigiéndose en todas direcciones. El metro yendo y viniendo. Sus estaciones con miles de personas esperando subir. Personas llegando y caminando a sus destinos. Las luces de los elevadores en todos esos edificios subiendo y bajando. En una ciudad como esa debería de haber miles de transacciones por segundo en las miles de tiendas. Gente exponiendo proyectos. Cerrando negocios. Me imaginé la cantidad de empresarios, estudiantes, profesionistas, artistas, políticos, niños, papás, abuelos, turistas, todos haciendo cosas importantes.

Siete mil millones de personas. Siete mil millones de historias, sueños, ambiciones., pasiones, y metas. Y entre tantas personas en el mundo, ahí estaba yo. Caminando, a la mitad de un puente.

En medio de todo eso que estaba viendo y del mundo inmenso que me estaba imaginando, yo solo era un estudiante insignificante de otro país caminando con una mochila con una botella de agua, una libreta, mi celular y un paraguas.

Empecé a preguntarme cuál era mi lugar en el mundo. O si en realidad habría uno para mí.

¿De verdad puede una persona cambiar el mundo?”, me pregunté. De la manera en la que cada quien pueda pensarlo, la respuesta siempre va a ser un sí. Hay miles de historias por todos lados que lo comprueban. En todas esas historias, lo único que se ha requerido es de un problema que haya que resolver, de una causa por la que valga la pena luchar o de alguna empresa que se tenga que emprender.

Aproveché para disfrutar por última vez de las mejores vistas de la ciudad. Más tranquilo. Sin prisa. Sin pensar demasiado. Solo disfrutando el momento.

Cuando terminé de cruzar el río Han, renté una bici y lo recorrí por la orilla. Me quedé leyendo debajo de Lotte Tower, la quinta más alta del mundo. Busqué mis libro favoritos en la biblioteca más moderna que hubiera visitado antes. Compré Harry Potter y la Piedra filosofal en coreano en una estación de metro. Tomé la última botella de Soju. Y me quedé horas viendo la ciudad desde el templo Bongeunsa. Mi lugar favorito en toda la ciudad. Desde ahí puedes ver los templos tradicionales de Corea junto con los edificios más modernos que te puedas imaginar. Una mezcla del pasado y del futuro en una sola mirada.

Los que quedábamos fuimos a cenar por última vez a un restaurante de Korean BBQ. Y estuvimos platicando de los planes de cada quién y riéndonos de las cosas que nos habían pasado juntos.

Tomé las últimas fotos de la ciudad. Y me convencí de que México algún día llegará a ser un país de primer mundo. Como Corea.

Este es un fragmento de mi libro. Si quieres descargar el primer capítulo , haz clic aquí. Si quieres leerlo en Kindle o pedirlo en Amazon en la versión física, haz clic aquí.

Update: Algunas fotos del viaje.

( Este es el speech de bienvenida que di a más de 100 estudiantes internaciones en Seúl)

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