Si No Imaginas: No Puedes Crear
Transcripción de conferencia
Audible: Éxito que se escucha @ Museo Tamayo Arte Contemporáneo, Ciudad de México
Alfonso Aguirre | 27 de Febrero 2026
Quiero hacerte una pregunta. Y te pido que no la respondas rápido, porque las respuestas rápidas son exactamente el problema del que voy a hablar hoy. ¿Cuándo fue la última vez que imaginaste algo que todavía no existía, y lo construiste de todas formas?No estoy hablando de terminar una tarea. Enviar un correo. Un pendiente. No estoy hablando de completar algo que alguien más te pidió que hicieras. Estoy hablando de algo que nació adentro de ti. Una idea que era solo tuya. Un proyecto que sentías que tenía que existir en el mundo aunque nadie te lo hubiera pedido. Algo que, si lo terminabas, iba a cambiar algo en ti para siempre. ¿Cuándo fue?
A mí me enseñaron muchas cosas en la escuela. Me enseñaron a trabajar duro. Me enseñaron a ser disciplinado. Me enseñaron a estudiar, a prepararme, a tener un plan. Pero nadie, en ningún salón de clases, en ningún libro de texto, en ninguna conversación con ningún profesor que recuerde, nadie me enseñó lo único que de verdad iba a necesitar para crear algo que importara. Nadie me habló de proteger mi capacidad de imaginar. Nadie me dijo que esa capacidad era un recurso. Que era finita. Que el mundo iba a intentar robármela todos los días. Y que si no aprendía a defenderla, un día iba a sentarme frente a una página en blanco con todas las ganas de crear algo y no iba a poder. No porque no tuviera talento. Sino porque había dejado de imaginar sin darme cuenta.
Cuando me gradué de la universidad, tomé una decisión que no le conté a nadie porque honestamente no sabía cómo explicarla. Sabía que quería crear. Que quería construir cosas propias. Y desde ese día empecé a vivir según una sola frase que se convirtió en el motor de todo lo que he hecho: desayuna, come y cena tus propios proyectos. Y eso fue lo que hice. Escribí mi primer libro. Después lancé una empresa de suplementos, la construí desde cero, la hice crecer hasta vender millones de pesos.
Y en todo ese camino, con todos esos proyectos, hubo un año en que todo empezó a sentirse diferente. Más lento. Más pesado, después de alcanzar millones en ventas las ventas se estabilizaron. Mis ideas se volvieron más predecibles. Más lineales. Podía analizar, podía ejecutar, podía seguir un plan,dirigir al equipo, pero algo había desaparecido. Algo que antes me permitía ver conexiones que nadie más veía. Algo que me permitía imaginar un producto antes de que existiera. Algo que hacía que sentarme a crear se sintiera como abrir una puerta. Y no sabía qué era. Hasta que lo encontré.
Y es que en 2020 había tomado una decisión que en ese momento me pareció completamente lógica. Si quería que mi empresa de suplementos creciera más, si quería que creciera eso estaba construyendo y si quería crecer más como persona como empresario, tenía que llenarme de información útil. Libros de negocios. Libros de estrategia. Libros de datos. Nada de ficción. Nada de novelas. Porque las novelas eran un escape, un hobby, algo que hacía cuando no tenía nada más importante que hacer. Y un empresario serio, me dije a mí mismo, no puede darse el lujo de perder el tiempo.
Fue casi un año entero sin leer una sola novela, un año sin aprender y mucho tiempo sin escribir. Y fue uno de los errores más caros que he cometido en mi vida. No porque hubiera dejado de aprender. Sino porque había dejado de imaginar. Y no me di cuenta hasta que volví a abrir una novela, casi un año después, y fue como si algo en mi cerebro que llevaba meses apagado de repente volviera a encenderse. Como darle aire a algo que se estaba ahogando en silencio. Volví a ver conexiones. Volví a tener ideas que no seguían una línea recta. Volví a sentir que crear era posible de una manera que durante ese año se había sentido cada vez más lejana. Y ahí entendí algo que no pienso volver a olvidar. Los datos no cambian el juego. En cualquier proyecto lo que cambia el juego es la imaginación. Y si no imaginas, no puedes crear.
Ahora bien. Sé exactamente lo que muchos están pensando en este momento. Que la ficción es entretenimiento. Que leer novelas está bien si tienes tiempo libre, que cuando tienes proyectos reales, empresas reales, metas reales, no puedes darte el lujo de sentarte a leer historias inventadas. Yo lo pensé también.
Cuando lees una novela, estás entrenando algo que ningún libro de estrategia puede darte. Estás entrenando tu capacidad de meterte en la cabeza de alguien diferente a ti. De ver el mundo desde un lugar que no es el tuyo. De entender por qué las personas hacen lo que hacen, sienten lo que sienten, eligen lo que eligen. Y eso en el mundo real tiene un nombre. Se llama empatía. Y la empatía es la base de cualquier negocio. La base de cualquier producto. La base de cualquier idea que quieras que le importe a alguien más. Porque si no puedes ponerte en el lugar de la persona para la que estás creando, estás creando en el vacío. Y si no sabes imaginar algo que todavía no existe, no puedes construirlo. Las ideas más poderosas no nacen de la información.
Nacen de la imaginación.
Hay una neurocientífica que lleva décadas estudiando cómo la lectura cambia literalmente la estructura del cerebro. Y una de sus conclusiones más importantes es que leer profundamente activa una red de atención mucho más compleja y más profunda que cualquier otra actividad. Que mientras lees, tu cerebro fortalece la capacidad de sostener ideas complejas, de conectar información, de reflexionar, de permanecer en un estado de concentración durante más tiempo. Y que esa habilidad no se queda dentro del libro. La llevas contigo. A tus proyectos. A tus decisiones. A la manera en la que ves un problema que nadie más está viendo de esa manera. Investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles demostraron además que la lectura activa la corteza prefrontal, que es la parte del cerebro encargada de la toma de decisiones, de la planificación y del pensamiento crítico. Leer no es solo entretenimiento. Leer es ejercicio mental de alto rendimiento.
Pero los libros de ficción son solo la mitad de la ecuación. Porque hay otro tipo de lectura que hace algo diferente y que es igual de poderoso. Los libros de no ficción, los libros de crecimiento personal, los libros de negocios, las memorias de empresarios y CEOs, los libros de marketing, de liderazgo, de bienestar, hacen algo que la ficción no puede hacer sola: te dan los modelos mentales de las personas que ya construyeron lo que tú quieres construir y de los proyectos grandes. Te meten adentro de sus decisiones, de sus errores, de sus momentos de duda. Y cuando lees las memorias de alguien que construyó algo grande desde cero, algo cambia en la manera en que ves tus propias posibilidades. Empiezas a creer que lo que hicieron ellos también es posible para ti. No porque seas igual a ellos, sino porque entiendes, por primera vez desde adentro, cómo pensaban. Y eso es lo más valioso que puedes tener cuando estás construyendo algo propio.
Antes yo creía que desayunar, comer y cenar mis proyectos, lanzarlos al mundo, construir algo mío, era lo que me iba a hacer crecer. Que tener algo propio me iba a dar lo que tanto buscaba. Que dedicarme a lo mío iba a resolver todo. Pero nadie me dijo que esto funciona exactamente al revés. Un proyecto, una empresa, una idea que estás construyendo, no puede crecer más de lo que tú eres. Puedes tener la mejor estrategia del mundo. Puedes tener el mejor producto. Pero si adentro hay bloqueos sin resolver, ideas sin desarrollar, imaginación sin ejercitar, eso se refleja afuera siempre. Lo que está pasando afuera, tu energía, tus resultados, tu creatividad, todo eso es un reflejo de lo que está pasando adentro. Y entonces no tienes que crecer el proyecto para crecer tú. Es al revés: tienes que crecer tú para que tu imaginación y tus proyectos puedan crecer.
Y leer, los dos tipos de lectura, la ficción que expande tu imaginación y la no ficción que expande tu modelo mental, es la manera más directa que conozco de crecer por dentro de una manera que después se traduce en todo lo que creas por fuera. Problema:
Y sí es incómodo de decir. Pero Nuestra capacidad de concentración ha disminuido un cuarenta por ciento en los últimos años. Cuarenta por ciento. En promedio desbloqueamos el celular ciento cincuenta veces al día. Yo cuando leí ese número pensé que era exagerado hasta que fui a mi propio teléfono a revisar las estadísticas de tiempo en pantalla y ahí estaba el número exacto. Y asusta. Pero lo que asusta más no es el número. Es lo que se pierde en cada interrupción. Porque cada vez que tu atención se rompe, el cerebro tarda veintitrés minutos en volver al nivel de concentración donde estaba. Veintitrés minutos por un mensaje, por una notificación, por cinco segundos de distracción. Y en ese estado, en esa mente fragmentada que revisa ciento cincuenta veces al día si algo nuevo apareció, imaginar es casi imposible. Crear es casi imposible. En 1986 una persona promedio procesaba cada día el equivalente a leer cuarenta periódicos enteros. Hoy esa cifra llegó a ciento setenta y cuatro. Ciento setenta y cuatro periódicos de información cada día que tu cerebro tiene que filtrar a toda velocidad sin darte un segundo para respirar.
Y cuando ese filtro se agota, lo que se pierde primero no es la productividad. Lo que se pierde primero es la imaginación. Y por eso hay personas con ideas brillantes que nunca van a ver la luz. No porque no sean capaces. Sino porque viven en una guerra constante contra su propia atención y están perdiendo esa guerra sin saberlo.
El antídoto para recuperar tu concentración: los libros.
Y no he escuchado a alguien que quiera leer menos. El problema es tiempo. Lo entiendo perfectamente. Siempre hay algo urgente que hacer. Siempre hay algo que parece más importante que sentarse a leer. Pero lo que no había entendido es que leer no quita tiempo. Leer te lo da. Leer es lo que afila el cuchillo antes de cortar. Es lo que te permite hacer en una hora lo que sin enfoque te tomaría cinco. Y decir que no tienes tiempo para leer es exactamente lo mismo que decir no tengo tiempo para cargar mi teléfono pero espero que la batería me dure todo el día. No puedes exigirle claridad a una mente que nunca recargas. No puedes pedirle imaginación a un cerebro que llevas meses alimentando solo con urgencias.
Yo tengo un principio que he practicado por años: viaja para crear. Cada viaje, cada experiencia, cada museo al que entro o librería en la que me pierdo Es investigación. Es combustible creativo. Es material que después aparece en lo que creo.
Porque al ser el director creativo de tu propia vida, tienes que usar tu vida como materia prima.
Y hay otra manera de viajar para crear y encontrar materia prima en los momentos en que antes no había. Los audiolibros me dieron la capacidad de extender el principio de viajar para crear a los momentos cotidianos de la vida. El tiempo en el gimnasio. El tiempo en la carretera. El tiempo en el aeropuerto esperando un vuelo. Todo ese tiempo que antes era ruido o distracción se convirtió en tiempo de escucha, en tiempo de aprendizaje, en tiempo de imaginación activa. Y convertí mi principio viajar para crear en Escucha para crear. Porque no siempre estamos en un viaje, pero casi siempre estamos en movimiento. Y si decides que ese tiempo también va a alimentar lo que estás construyendo, estás desayunando, comiendo y cenando tus propios proyectos incluso en los momentos en que antes creías que no tenías espacio ni tiempo para hacerlo.
Mientras todos llenan ese tiempo con ruido, tú puedes llenarlo con conocimiento listo para ser aplicado, con historias que expanden tu imaginación, con ideas que después van a aparecer exactamente cuando las necesitas en tus proyectos.
Y la imaginación no solo se recupera leyendo y escuchando. También se construye escribiendo.
En una conferencia alguien me preguntó una vez: si tuvieras que elegir las herramientas o los hábitos que jamás dejarías, ¿cuáles serían? Y no lo dudé. Hoy mi respuesta sería: Lectura, escritura y audiolibros. Siempre esas tres. Porque son las tres maneras que conozco de crecer por dentro de una manera que después se traduce en todo lo que creas por fuera.
La lectura te da imaginación y modelos mentales.
Los audiolibros extienden ese hábito a cada rincón de tu día.
Y la escritura te obliga a enfrentarte a lo que realmente está adentro.
Cuando escribes no puedes mentirte. Lo que sale en el papel es lo que realmente está ahí. Y cuando puedes ver lo que está ahí puedes empezar a transformarlo y trabajarlo.
Después de corregir estos tres elementos, escribí mi segundo libro. Y vendí mi empresa de suplementos. Porque entendí que mis proyectos más importantes en la vida siempre iban a ser la imaginación, la escritura y las historias. Diseñé una empresa que lanza colecciones de journals porque creo profundamente que todos deberían escribir. Y empecé a escribir mi primera novela.
Todo esto me llevó a entender algo que hoy es el centro de lo que hago y de cómo vivo. Y es que hay una decisión que puedes tomar que lo cambia todo: convertirte en el director creativo y estratégico de tu propia vida. Y eso significa entender algo que muy pocas personas entienden: la creatividad no es solo para los artistas. Y los negocios no son solo para los estrategas. La creatividad es la estrategia. Y los proyectos y los negocios son profundamente creativos.
Cuando unes esos dos cerebros, el creativo y el estratégico, cuando decides impregnar lo que haces con tu historia, con tus obsesiones, con tus significados más profundos, todo lo que creas se convierte en algo diferente. No en un producto más. No en una empresa más. En algo que solo tú podías hacer. Y eso es lo más poderoso que existe en el mercado de hoy.
Y eso me preocupa. Eso sí me quita el sueño. Hay millones de personas en el mundo que llevan dentro una historia que nunca van a contar. Un libro que nunca van a escribir. Una idea que nunca van a lanzar. Un proyecto que vive atrapado en su cabeza desde hace años esperando el momento perfecto que nunca llega. aquí mismo entre ustedes hay personas con todas estas ideas. Y no es porque no sean capaces. Es porque nadie les dijo que su historia importa. Es porque se convencieron de que crear es para alguien más. Es porque la imaginación que necesitaban para hacerlo se fue evaporando y disminuyendo silenciosamente, día tras día, notificación tras notificación, sin que nadie les avisara que eso estaba pasando. Y cada historia que no se cuenta es una perspectiva que desaparece para siempre. Es una manera de ver el mundo que se pierde. Es un libro que pudo haber cambiado la vida de alguien y que nunca va a existir. Un negocio que nunca va a cambiar la vida de nadie.
Mi misión, con mis libros, con mis journals, con la academia de escritores, con cada podcast, con cada página que ayudo a que escriba, y cada concepto o estrategia que desarrollamos, mi misión es exactamente esa. Que más personas recuperen su imaginación. Que más personas se den el permiso de crecer por dentro para que sus proyectos puedan crecer por fuera. Que más personas entiendan que la creatividad es la estrategia más poderosa que existe, y que sus historias importan y que el mundo las necesita. Porque cada libro que alguien escribe cambia a quien lo escribe primero. Y después cambia a quien lo lee. Y eso se multiplica de maneras que ningún dato puede medir.
Cuando escribía mi novela, tres años de trabajo, hubo momentos en los que no entendía cómo iban a encajar las piezas. Y lo único que me sostuvo fue exactamente lo que estoy hablando hoy:
La imaginación entrenada durante años de lectura. La claridad construida durante años de escritura diaria. El conocimiento acumulado durante años de escucha activa. La capacidad de ver algo que todavía no existía , y hacerlo y terminarlo. Aunque costara. Aunque nadie más pudiera verlo todavía.
Esa novela existe hoy. Está publicada. Está en librerías. Está en audiolibro. Y ahora suman tres libros. Una empresa de journals. Una empresa con mi nombre que tiene la misión mas importante y es la que quiero que te lleves: cuando sostienes tu imaginación el tiempo suficiente, cuando la proteges, cuando la alimentas, cuando la ejercitas aunque el mundo haga todo lo posible por distraerte, algo que era solo una idea puede convertirse en algo real que puedes publicar, mostrar y poner al servicio del mundo.
Y vuelvo a la pregunta con la que empecé. ¿Cuándo fue la última vez que imaginaste algo que todavía no existía y lo construiste de todas formas? La próxima respuesta puede ser hoy. Empieza con una página. Con un libro abierto. Con quince minutos de atención a un audiolibro.
Con la decisión de convertirte en el director creativo de tu propia vida. Con la decisión de que tu imaginación no está a la venta.